martes, 11 de junio de 2013

Todo sobre la tristeza

Todo sobre la Tristeza

Que es: La tristeza es una de las emociones básicas (no natales) del ser humano, junto con el miedo, la ira, el asco, la alegría y la sorpresa. Estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, etc. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas o cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. La alegría es la emoción contraria.
Etimología: La palabra española tristeza viene del latín, trístĭtĭa.
Otras tristezas: La tristeza puede ser un síntoma de la depresión, que se caracteriza, entre otras cosas (abatimiento general de la persona, descenso de la autoestima y sentimientos de pesimismo, desesperanza y desamparo), por una tristeza profunda y crónica. En psiquiatría se habla de tristeza patológica cuando hay una alteración de la afectividad en que se produce un descenso del estado de ánimo, que puede incluir también pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación. La tendencia alternativa entre las emociones de alegría y de tristeza es la labilidad emocional. Los síntomas de la tristeza son: llorar, nervios, rencor y decaimiento moralmente.
Tristeza, apatía, ansiedad, obsesiones?
Estamos habituados a que se cataloguen los síntomas que podamos padecer en alguna categoría diagnóstica y a pensar que, o bien tienen una causa psicológica que debe tratarse con psicoterapia, o bien una causa médica, que debe tratarse principalmente con fármacos.
Sin embargo, existe otro tipo de alteración que no se debe a ninguno de estos dos motivos, pero que puede hacer que tengas todo tipo de síntomas, ya sea ansiedad, tristeza, apatía, pánico, miedo, obsesiones, o hasta síndrome premenstrual.
Me estoy refiriendo a un desequilibrio bioquímico ocasionado por la falta de determinados nutrientes esenciales, como pueden ser los aminoácidos (utilizados en tu cuerpo para crear neurotransmisores), o determinadas vitaminas o minerales, como las vitaminas del grupo B.
El triptófano, por ejemplo, se utiliza para formar serotonina, un neurotransmisor que ejerce un papel muy importante en la regulación del estado de ánimo y el sueño, entre otras funciones. El triptófano se obtiene de las proteínas de la alimentación. No obstante, si tu alimentación no es apropiada, si tomas ciertas sustancias que inhiben la serotonina, o si por cualquier otro motivo tus niveles son bajos, es muy probable que tengas problemas que ni un psicólogo ni un médico convencional van a solucionar.
En este artículo encontrarás información sobre cómo tratar la depresión con aminoácidos, así como tres tipos de depresión producidos por la carencia de tres aminoácidos diferentes.

¿Tristeza o Depresión?
A veces la tristeza puede resultarnos tan intensa y agónica que no sabemos si estamos pasando un mal momento o nuestro sistema emocional no ha podido más y ha terminado derrumbándose dando lugar a una depresión. En este artículo queremos diferenciar entre este sentimiento y los síntomas de depresión que pueden estar íntimamente relacionados en multitud de ocasiones pero manteniendo esta certeza presente, el hecho de estar triste no implica sufrir un estado depresivo.
¿A qué llamamos tristeza?
A pesar de que la mayoría de los seres humanos procuran evitar la tristeza constantemente, éste es un estado emocional de lo más normal y natural que puede sentirse en muchos momentos a lo largo de la vida.
La tristeza la podemos relacionar con el llanto, aunque a veces también se llora de alegría, de rabia o incluso de miedo. Lo que origina la tristeza depende de cada persona y cada momento concreto pero un ejemplo muy válido sería la decepción, cuando se han creado unas determinadas expectativas y éstas no se ven cumplidas, cuando la vida nos lleva a situaciones dolorosas en las que perdemos a personas que han tenido un lugar importante en nuestra vida, tristes incluso cuando el sufrimiento no es nuestro pero alguien de nuestro alrededor está pasando un mal momento.
Muchos artistas han encontrado en la tristeza su más profunda inspiración con la que se llega a lo más hondo del alma y, es en ella con la que han escrito los poemas más hermosos, canciones o incluso se han pintado maravillosas obras de arte que han nacido como un medio de expresar este sentimiento tan intenso.
Por lo tanto, no debemos de temer la tristeza ya que es una reacción emocional natural en el ser humano pero sí, a modo de recomendación personal, a veces es mejor aprender a “torear” la tristeza y dejarla pasar par no embargarse, ni hundirse ni regodearse en todos los sentimientos que genera.
¿Qué es la depresión?
La depresión es una enfermedad mental, un trastorno del estado de ánimo (DSM-IV) que puede clasificarse de múltiples maneras según la sintomatología que presente el paciente: Trastorno depresivo mayor episodio único, Trastorno depresivo mayor recidivante, Trastorno distímico, Trastorno depresivo no especificado.
El tiempo de duración de la depresión puede variar ampliamente dependiendo del diagnóstico realizado (desde breve duración de semanas o un mes a años), de igual manera, hay diferentes causas de una depresión como es la depresión reactiva o endógena.
Las personas que están pasando por un episodio depresivo pueden necesitar ayuda tanto psicológica como psiquiátrica para poder volver a disfrutar de su vida tanto en un aspecto personal como laboral. Como hemos hablado de la depresión en otros artículos vamos a centrarnos exclusivamente en el tema de este artículo, las diferencias.
Principales diferencias entre tristeza y depresión
 La gran diferencia que hay entre la tristeza y la depresión es que ésta primera suele ser una emoción momentánea, pasajera, que puede durar desde un breve instante a unos días, pero siempre es algo pasajero. En el caso de la depresión, puede durar unos quince días a una depresión de años, muy prolongada en el tiempo.
Un aspecto fundamental para entender la diferencia, desde mi punto de vista, es que en la depresión la persona no se siente con fuerzas para hacerle frente a su vida, esa persona no vive sino que sobrevive al momento, está hundida y desesperada, no puede ver más allá de la oscuridad que la ha sumido mientras que la tristeza podríamos decir que es una ligera bruma que con un poco de viento desaparece. Una persona que está triste es un pequeño instante en su vida, puede sentirse decaído pero no es lo mismo que sentir que está en lo más profundo de un pozo lleno de oscuridad.
Si nos centramos en aspectos técnicos para comprender la diferencia entre ambos estados, vamos a basarnos en los diferentes síntomas, comunes a los tipos de depresión que hemos mencionado anteriormente, que describe el DSM-IV.
Tenemos que entender que la tristeza puede ser un síntoma de la depresión pero tener sólo un síntoma no implica tener una enfermedad, es necesario que se den cinco o más de los síntomas que os presentamos a continuación para que una persona pueda ser diagnosticada de depresión:
La persona sufre un estado de tristeza la mayor parte del día o casi todos los días durante al menos un período de dos semanas.
Anhedonia o disminución del interés o la capacidad de placer por todas o casi todas las actividades. Lo que ante le gustaba ahora ni le motiva casi cada día.
Pérdida de peso sin hacer régimen, perdida de apetito casi cada día. O todo lo contrario mayor ingesta calórica y aumento de peso casi cada día.
Insomnio, apenas dormir o todo lo contrario hipersomnia aumento de la horas de sueño o incluso no querer levantarse de la cama casi cada día.
Agitación o todo lo contrario enlentecimiento psicomotores casi cada día.
Sentimientos de culpa, desazón, ideas irracionales casi cada día.
Fatiga, cansancio pérdida de energía a diario.
Disminución de la capacidad de concentración, de atención y de decisión a diario.
Pensamientos o ideas recurrentes sobre la muerte, ideas suicidas.
Estos síntomas no son debidos a los efectos de haber consumido una sustancia como un medicamento o drogas o por otra enfermedad médica. En caso de duelo o pérdida de un ser querido, el trastorno depresivo puede estar en juego si los síntomas duran más de dos meses o se da un notable deterioro funcional, ideas suicidas, enlentecimiento psicomotor síntomas psicóticos.
 Si crees que tú o alguien cercano sufre una depresión acude al medico existen pruebas de detección que pueden ayudarte a buscar tratamiento para tu problema. ¿Necesitas más razones para acudir al psicólogo?

Diferencia entre tristeza y depresión.
Es importante reconocer la diferencia entre la tristeza y la depresión, porque con frecuencia podemos confundirlas. Cuando esto sucede, no las manejamos adecuadamente y nuestro sufrimiento crece.
¿Qué piensas de la tristeza?
La tristeza es una emoción negativa que tenemos que evitar a toda costa.
No nos gusta que la gente se dé cuenta de que estamos tristes, porque nos sentimos mal, de sentirnos mal.
Es un signo de debilidad.
Este tipo de pensamiento se relaciona más con los hombres que con las mujeres.
Si estamos tristes, estamos deprimidos.
La diferencia entre tristeza y depresión está únicamente en la intensidad.
Esto no es así.
Aunque la tristeza puede ser parte de la depresión, ésta es completamente diferente.
Es muy importante reconocer la diferencia entre ambas emociones, porque:
Algunas personas que sólo están tristes, pueden calificarse como deprimidas y en función de creerse esta etiqueta:
Tomar medicamentos que no necesitan y no les van a ayudar, sugestionarse,
aumentar, con pensamientos equivocados, dicha tristeza, pensar que no pueden hacer nada al respecto, permitiendo que la tristeza se vuelva permanente,
Las personas que sí están deprimidas, pueden no buscar ayuda, por creer que es una tristeza normal.
La tristeza es parte de la vida, no la podemos evitar, pero podemos manejarla para disminuirla o eliminarla.
Es la respuesta natural ante las situaciones dolorosas, que todos vivimos.

Es una sensación de decaimiento de nuestro estado de ánimo, un sentimiento de vacío, que tiene las siguientes características:
Resulta de una herida o de una perdida de cualquier tipo, la persona está consciente de la causa, casi siempre es pasajera, a menos que nosotros, con nuestra forma de pensar, la mantengamos o la aumentemos, la persona puede seguir funcionando adecuadamente, termina cuando la persona soluciona su situación o cuando modifica sus pensamientos y su actitud ante la vida.
La depresión es una enfermedad que:
Puede necesitar medicamentos, no siempre tiene una causa identificable,
puede durar mucho tiempo, puede estar relacionada con aspectos:
biológicos, hereditarios, de personalidad y ambientales.
Mientras dura la depresión, la persona se siente: desamparada, desesperada y sin energía para enfrentarse a la vida diaria.
La tristeza, como todas las emociones, tiene una función:
Nos ayuda a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra forma de vida, con lo que aprendemos a conocernos mejor.
Nos indica que algo está sucediendo en nuestra vida, que nos está afectando negativamente y necesitamos solucionar o cambiar.
Reconocer la tristeza, nos ayuda a disfrutar más de los momentos de alegría.
Algunas personas empiezan sintiéndose tristes y pueden acabar deprimidas.
Esto sucede por un mal manejo de la tristeza.

Como superar la tristeza ?
Es sin duda una de tantas e infinitas emociones que forman nuestra globalidad, un estado de ánimo que influye de forma directa en la perspectiva y el punto de vista que tenemos ante la vida. Es importante que le prestes la misma atención que cualquier otra emoción ya que aprendiendo a ver las emociones como las manifestaciones que nos intentan transmitir algo, aprenderás cómo regularlas y te liberarás fácilmente de esa carga cuando tengan connotaciones negativas para tu vida…
Debes saber que cuando uno está triste SIEMPRE es por una razón, por algo que ha sucedido en tu vida ya sea a nivel social, personal, físico, mental e incluso espiritualmente hablando que no ha sido resuelto y está dando vueltas por las puertas de nuestra Alma. El estar triste o sentir tristeza NO es malo ya que todo el mundo se pone triste alguna vez en el momento en que no nos sentimos amados o nos sentimos solos. Es importante que hagas caso y estudies a niveles profundos la causa de la tristeza ya que, una vez localices, entiendas y transmutes la causa que ha provocado esa tristeza, podrás contrarrestarla alimentándola con pensamientos positivos, decretos, oraciones y palabras de aliento que acabarán por hacer desaparecer tal emoción. Cuando la tristeza es un simple disgusto o desilusión suele tener una duración corta o se elimina simplemente substituyendo una experiencia “negativa” por cualquier otra experiencia “positiva” que podamos realizar seguidamente aunque, cuando el mensaje de la tristeza es duradero y es emoción se transforma en algo cotidiano e incluso algo “normal” es cuando nuestros sistemas deben ponerse alerta ya que hay algo que no hemos resuelto y que si no transmutamos a tiempo puede llegar a producir bloqueos energéticos e incluso somatizar algún tipo de enfermedad a nivel físico como la famosa y conocida depresión…
¿Cómo superar la Tristeza?
1. LLORA
Una de las limpiezas más efectivas para liberar el Alma de emociones negativas en sin duda el llanto. Llorar no hace a los hombres menos hombres ni a las mujeres más mujeres sino que esta maravillosa acción liberadora nos permite sacar del Interior energías negativas que no debemos permitir que se queden a vivir en nuestra Alma y por lo tanto el hecho de llorar y llorar aunque a veces no se sepa ni el motivo “aparente” te ayudará a sentirte mucho mejor y a despejar las nubes tal y como sucede en el cielo normal que compartes en tu vida ya que normalmente cuando termina de llover las nubes se transforman y brilla de nuevo el Sol…
2. COMPARTE
La tristeza en muchas ocasiones nos hace tener la necesidad de estar solos y aunque puede ser positivo estar a solas para poder reflexionar sobre la gravedad y la levedad de las cosas el poder compartir junto a otros nuestro malestar o incluso aceptar tan sólo su compañía para apaliar la soledad provoca que ese bajo estado de ánimo vaya disminuyendo y al final esa pesada carga que teníamos desaparece porque el Amor llega con fuerza y energía de renovación...
3. DESCANSA
Alguna vez habrás podido oír la frase hecha “lo consultaré con la almohada”. Esta frase tiene mucho significado espiritual ya que no tan sólo te permite conectar con otros Planos Espirituales sino que además, nuestra Alma tiene la oportunidad por un rato de alejarse de las pre-ocupaciones mentales y respirar aire fresco y renovado del Universo y cuando el Alma regresa al cuerpo podrás notar incluso que donde antes había un peso y una tristeza ahora hay ideas, proyectos o motivaciones distintas que nos hacen alejarnos de esa emoción.

Cómo distinguir entre tristeza y depresión clínica
Tristeza
Se utiliza coloquialmente demasiado a menudo la expresión "estoy deprimido", por ejemplo cuando ha perdido el equipo deportivo correspondiente, o el individuo que sea ha extraviado un billete de 50Bs.
Aunque obviamente un suceso negativo puede sumir a cualquier persona en mayor o medida en la tristeza, lo más seguro es que no se trate realmente de una depresión clínica. Existe una gran diferencia. Aunque ambas palabras se usan mucho como sinónimos, en realidad no lo son.
Simple tristeza
Así, la tristeza es una respuesta natural al infortunio, la frustración, el dolor y las situaciones negativas, por lo que se puede decir que es normal que cualquiera la padezca con cierta asiduidad, sobre todo si le ha ocurrido algo grave. Encontrarse mal tras una ruptura amorosa o un problema económico de calado no implica una patología, sino que a cualquier persona le ocurriría lo mismo. Con el paso del tiempo se mitiga o desaparece por completo.
Si el individuo sufre un revés que cambia significativamente su vida (muerte de la pareja o de un ser querido muy cercano, pérdida de un trabajo importante, un divorcio) atravesará una etapa de duelo, proceso de readaptación a las nuevas circunstancias que puede ser largo y doloroso, por los constantes recuerdos de lo que se ha perdido. Pero tampoco se trata de una depresión. Se habla de desorden anímico real cuando la persona sufre una serie de síntomas, entre los cuales suele estar por regla general la tristeza, aunque casi nunca se puede establecer la causa de la misma. Ésta viene acompañada de apatía, desinterés por las ocupaciones habituales hasta entonces, dolores de cabeza, hipertensión, molestias abdominales, fatiga, insomnio, etc.
La importancia de saber distinguir
Aprender a diferenciar ambos conceptos resulta extremadamente importante para evitar complicaciones. Muchas personas pueden llegar a creer que están sufriendo un desorden anímico grave cuando en realidad sólo están tristes por alguna razón lógica, lo que puede ocasionar diversos problemas:
Que la persona se autosugestione, crea que está peor de lo que realmente está, y acabe efectivamente entrando en una depresión real.
Que el individuo se automedique, lo que siempre supone un enorme error, ya que el médico es el único que está capacitado para determinar si existe depresión clínica, y el tratamiento adecuado para cada paciente. En ningún caso es bueno decidir tomar medicación por sí mismo, pues las consecuencias pueden ser nefastas.
Por otro lado, puede ocurrir justamente lo contrario, que una persona piense que sólo sienta tristeza, cuando en realidad ésta sea sólo un síntoma de algo mucho más grave. Esta situación provocaría que no requiera ayuda médica cuando realmente la necesita.
¿Cómo diferenciar entre tristeza y depresión?
Por estas razones conviene tener muy claro cuándo existen indicios de que no se está sufriendo un simple episodio de tristeza, sino una depresión. Si se puede establecer la causa de la misma, estamos posiblemente ante el primer caso. Basta con reflexionar sobre el problema que ha producido que la persona se sienta mal, y tratar de solucionar el mismo. Si no resulta posible, el objetivo consistiría en resignarse. Si se trata de un estado de duelo, lleva un tiempo reponerse, pero después de un proceso se recupera la ilusión por vivir, y también las ganas de retomar las actividades cotidianas y hobbies.
Si ocurre justamente lo opuesto, existen motivos para que salten las alarmas. Cuando no se logra establecer la razón de que alguien se sienta desolado, y pasan los meses y se sigue igual, conviene plantearse que podría haber aparecido la depresión. Se puede recurrir a diferentes test, como la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg (el más utilizado), que ayudan a establecer si se necesita ayuda profesional. Consiste en una serie de preguntas sobre el estado del sujeto a evaluar. Existen indicios de que se padece un desorden anímico cuando se contesta afirmativamente a varias preguntas sobre si se siente desinterés por las cosas, falta de autoconfianza, dificultad para concentrarse, pérdida de peso e insomnio, entre otras cuestiones.
Si se sabe diferenciar entre una simple tristeza y un problema más grave, resulta bastante sencillo estar seguro de cuándo se necesita acudir al facultativo. Por regla general, ante la duda conviene pedirle una cita, pues su reconocimiento siempre proporciona una mayor tranquilidad.

Niños tristes?
¿Te sientes deprimido? ¿Estás melancólico? No estás solo. Todos nos sentimos tristes a veces. La tristeza puede ser profunda, leve o intermedia. Dependerá de la situación que esté ocasionándola y la manera en la que puedes manejarla.
La tristeza es una emoción natural del ser humano. Como otras emociones, la tristeza viene y se va. A veces dura solo un momento, otras un poco más. Cuando la tristeza se va, llega el buen ánimo.
¿Por qué los niños se sienten tristes?
Muchas cosas pueden hacer que un niño se sienta triste. Puedes sentirte triste por cosas importantes y cosas no tan importantes que sucedan. Quizá te sientas triste (o no) ante las siguientes situaciones:
Las cosas no resultan como deseas. Tal vez algo no resulta como lo esperabas. Quizá tu equipo perdió un partido importante, desaprobaste un examen o no te eligieron para jugar un partido.
Te sientes herido. Tal vez te sientas triste porque alguien te decepcionó, te dejó afuera o hirió tus sentimientos con algo que dijo o hizo.
Pierdes algo especial. Quizá perdiste algo que era especial para ti. O tal vez tu camisa se achicó al lavarse y ya no podrás usarla.
Extrañas a alguien. Puedes sentir tristeza si extrañas a alguien o debes decirle adiós. Tal vez tu mejor amigo se cambió de escuela, tu hermano mayor se fue a la universidad o algún familiar está en el servicio militar.
Escuchas alguna noticia triste. Puedes sentir tristeza al mirar una película triste, leer una parte triste en un libro o si alguien te contó algo triste que sucedió. Si alguien a quien quieres está triste, tal vez te sientas triste tú también.
Alguien muere. Es natural sentirte triste si alguien muere; por ejemplo, un familiar cercano o una mascota. Esa clase de tristeza tiene un nombre especial, se llama duelo.
Un problema te hace sentir triste. Los problemas como el acoso, los problemas de amistad o las tareas difíciles a veces pueden ocasionar tristeza en los niños. Con los problemas familiares sucede los mismo, tales como el divorcio, la pérdida de un trabajo, las discusiones, las dificultades de dinero o las enfermedades.
¿Es normal el sentimiento de tristeza?
Es totalmente NORMAL sentir tristeza. Siempre que no ocurra de manera frecuente y dure demasiado, la tristeza, como todas las emociones, son parte de la vida.
Pero no es bueno estar triste. Estar feliz se siente mucho mejor. Aquí presentamos algunas cosas que los niños deben saber:
Puedes sobrellevar las cosas tristes que te suceden.
Puedes hacer cosas para que la tristeza se vaya y te sientas mejor.
Una actitud positiva te ayuda a sobrellevar las desilusiones.
Aprender cómo sobrellevar la tristeza puede hacer una gran diferencia en tu vida.
¿Cómo puedes manejar la tristeza?
La tristeza no debe apoderarse de tu ánimo ni arruinar tu día. Puedes hacer cosas que te ayuden a sentirte mejor. Puedes hacer cosas para evitar que la tristeza se prolongue o sea muy profunda.
Aquí te presentamos formas positivas para manejar la tristeza:
Observa cómo te sientes y por qué. Conocer tus emociones te ayudará a comprenderte y a aceptarte. Si te sientes triste, permítetelo, pero no pienses demasiado en eso ni hagas de ello un drama. Solo dite (o a otra persona) que te sientes triste. Intenta descubrir por qué te sientes así. Sé comprensivo contigo mismo; seguramente hay una buena razón por la que te sientes así. Esta bien. Recuérdate que la tristeza pasará y te sentirás mejor.
Recupérate de las desilusiones y los fracasos. Cuando las cosas no salen a tu manera, ¡no te des por vencido! Sigue luchando. Siempre habrá una próxima vez. Felicítate por haberlo intentado. Enfócate en lo que necesitas mejorar e inténtalo de nuevo. Mantén una actitud positiva.
Piensa en positivo. Incluso si estás triste, piensa en una o dos cosas buenas de ti o de tu situación. Cree en ti mismo. Piensa en lo que puedes hacer y cómo puedes mejorar las cosas. Si no recibiste algo que deseabas, piensa en otra cosa que te haga feliz. Siempre hay algo bueno, ¡búscalo!
Piensa en soluciones. Pensar en diferentes formas de resolver un problema o manejar una situación puede ayudarte a sentirte más fuerte, seguro y mejor acerca de ti mismo. ¡Es muy difícil estar triste cuando te sientes tan capaz!
Busca ayuda. Incluso los niños más capaces necesitan ayuda. Las personas en tu vida que creen en ti y que se preocupan por ti (como tus padres, amigos y maestros) pueden brindarte apoyo cuando estás triste. A veces, solo escuchar y comprender la situación por la que estás pasando es suficiente. En ocasiones, pueden ayudarte a solucionar un problema o ayudarte a pensar en cosas más lindas para que te olvides de la tristeza o de las desilusiones.
Ponte de buen ánimo. Quítate de encima el mal humor y haz cosas que te pongan de buen ánimo. Juega un juego o practica un deporte, anda en bicicleta, baila o corre, sal a caminar, haz manualidades o música, lee o júntate con alguien a quien aprecies. Relájate, diviértete y siéntete mejor.
Para aprender a controlar la tristeza debes practicar. Pero cuando haces cosas para sobrellevar la tristeza, das lugar a sentimientos más positivos. ¡Eso significa que serás más feliz!

Cuando en la depresión predominan los síntomas físicos
La mayoría de las personas tienden a relacionar la depresión con una serie de síntomas psicológicos, como tristeza, ganas de llorar, falta de motivación o apatía. Sin embargo, la depresión tiene también otros modos de manifestarse. En ocasiones, se expresa a través de síntomas físicos principalmente.
Es cierto que a veces la enfermedad física puede acabar produciendo una depresión debido al dolor y malestar que conlleva, la incapacidad para hacer ciertas actividades que desearías hacer, etc., pero en otros muchos casos, los síntomas físicos son la manifestación de la depresión misma.
Cuando esto sucede, la persona se siente físicamente enferma, pero no se siente deprimida ni es consciente de que sus síntomas son la expresión de su tristeza e insatisfacción vital. O bien se siente deprimida, pero cree que su depresión es consecuencia de su malestar físico.
¿Cuáles son los síntomas físicos?
Los síntomas físicos más comunes de la depresión son los dolores de cabeza, la migraña común, lumbociática y dolores de espalda, como el dolor lumbar, cervical o dorsal, así como la sensación de opresión en el pecho, sensación de nudo en la garganta, hipertensión o taquicardia, y los dolores abdominales o pélvicos.
El dolor crónico acompaña con mucha frecuencia a la depresión, de manera que si preguntamos a una persona deprimida si tiene algún tipo de dolor, es muy probable que responda que sí, sobre todo en la cabeza, espalda, pecho o pelvis.
Depresión por agotamiento
A veces, el síntoma predominante en una persona deprimida es un cansancio intenso, muchas veces diagnosticado como fatiga crónica. Se trata de una persona que ha estado experimentando estrés continuado durante tanto tiempo, que se ha agotado física y emocionalmente. Su cuerpo responde con fatiga intensa y, a nivel emocional, se siente también abatida y desmotivada.
No es raro que las personas con este tipo de depresión por agotamiento tengan también otros síntomas físicos, como síntomas digestivos, caída del cabello, sofocaciones, o trastornos de la micción.
El insomnio y la depresión
El insomnio es otro de los síntomas típicos de la depresión. Suele ser un tipo de insomnio en el que la persona no tiene problemas para dormirse, pero se despierta muy temprano y luego no puede conciliar de nuevo el sueño. Al levantarse por la mañana, tiene la sensación de no haber dormido bien, el sueño no ha sido reparador y siente cansancio y ganas de seguir durmiendo.
Qué hacer si sospechas que puedes tener una depresión de este tipo
Si tus síntomas físicos son la expresión de la depresión, no van a desaparecer con medicamentos. De hecho, parecen no desaparecer hagas lo que hagas. Tal vez mejores un poco con el ejercicio o al tomarte unos días de descanso y cambiar de aires pero, al final, los síntomas siempre acaban volviendo. Esto sucede porque la causa es emocional y, por tanto, el tratamiento debe ser psicológico. Has de descubrir qué marcha mal en tu vida, qué cambios necesitas hacer, qué problemas no estás afrontando, qué te falta o de qué necesitas librarte.
La depresión, sea cual sea su sintomatología principal, es una señal de aviso que te está diciendo que necesitas hacer cambios importantes en tu vida y/o en ti, y debes descubrir cuáles son esos cambios y ponerte en marcha lo antes posible para trazar el plan de acción que te permita superar la depresión y empezar el cambio hacia una vida más satisfactoria.

Tristeza después del parto
Tener un bebé es una de las experiencias más maravillosas de la vida, sin embargo, muchas mujeres se sienten tristes y con ganas de llorar los primeros días después de dar a luz. Eso no quiere decir que sean malas mamás o que no amen a su hijito. Al contrario, pueden estar rebosantes de amor y orgullo y, a la vez, encontrarse llorando por cosas que antes ni siquiera les molestaban.
Aunque hayas sido bendecida con un hermoso bebé y un compañero que te apoya, posiblemente te sientas exhausta por el esfuerzo del parto y porque no puedes dormir. Quizás también te sientas irritable, nerviosa, preocupada por si serás una buena mamá e incluso asustada, si después de tu ilusionada espera te sientes ahora vulnerable e insegura. Pero quédate tranquila: todos estos sentimientos se conocen como "la tristeza o melancolía posparto" (baby blues), y son normales durante las dos primeras semanas después de dar a luz. En realidad, hasta un 80 por ciento de las madres los experimentan.
Causas y tratamiento de la tristeza posparto
Después del parto el cuerpo cambia muy rápidamente. Los niveles hormonales bajan, la leche sube y es posible que los pechos se inflamen y que, además, te sientas exhausta. Estas realidades físicas pueden desencadenar sentimientos de desánimo y melancolía.
Los factores emocionales también contribuyen a esta tristeza. Puedes sentirte nerviosa o ansiosa por el bienestar del bebé y la transición a la maternidad o puede costarte ajustarte a la nueva rutina. Las nuevas responsabilidades pueden abrumarte.
Afortunadamente esta tristeza posparto no es una enfermedad y se irá por sí sola. No es necesario ningún tratamiento que no sea el apoyo de tu familia y de tus amigos, descanso y tiempo. La falta de sueño puede hacer que te sientas peor, por eso es importante que intentes descansar siempre que puedas. Incluso una siestita de diez minutos te puede hacer sentir mucho mejor.
Qué hacer cuando alguien que conoces se siente triste después del parto
Lo mejor que pueden hacer los esposos o compañeros, familiares y amigos es asegurarle a la nueva mamá que muchas mujeres se sienten así después de tener un bebé.
Simplemente escúchala. Anímala a que llore, si lo necesita. Dile lo maravillosamente bien que lo está haciendo. Mantén las visitas al mínimo. Contesta el teléfono por ella y toma recados y dile que la casa no tiene que estar perfecta ahora, que lo más importante es que descanse y se sienta bien. Ayúdala con las tareas de la casa y a establecer prioridades. Hay cosas que hay que hacer todos los días, como cocinar, pero hay otras que pueden esperar.
En nuestra cultura es muy tradicional que las mamás que acaban de dar a luz pasen por el periodo de la cuarentena, en que la mamá de la parturienta, la suegra o bien otra persona, cuida de ella para darle tiempo a descansar y permitir que se concentre en el bebé. Pero aquí muchas veces no están los familiares que podrían cuidar a la nueva mamá, o no se tiene el tipo de vida que se presta a esta sabia tradición. Por eso es importante que la pareja o familiar que esté junto a la mamá y el bebé insista en que ella se tome tiempo para cuidarse y que descanse lo más posible. Ofrécete a cuidar del bebé mientras ella duerme una siesta. Y por encima de todo déjale saber que estás allí para apoyarla en todo momento.
¿Tristeza o depresión posparto?
A menudo se confunde la tristeza con la depresión posparto porque tienen muchos síntomas en común. Y, ¿cómo puedes saber si estás pasando por la tristeza normal de después del parto o por una depresión clínica?
Durante las dos primeras semanas después del parto, debes esperar algún tipo de trastorno emocional. Pero si continúas sintiéndote así dos o tres semanas después de haber dado a luz, debes llamar a tu doctor para buscar ayuda profesional. También es recomendable que consultes con el doctor si tienes una historia de depresión, si hay un historial de depresión en tu familia o si los síntomas como los pensamientos negativos o sentimientos de ansiedad son especialmente problemáticos.
La tristeza otras definiciones o formas de ver.
Con frecuencia pensamos que:
La tristeza es una emoción negativa que tenemos que evitar a toda costa.
No nos gusta que la gente se dé cuenta de que estamos tristes, porque nos sentimos mal, de sentirnos mal.
Es un signo de debilidad.
Este tipo de pensamiento se relaciona más con los hombres que con las mujeres.
Si estamos tristes, estamos deprimidos.
La diferencia entre tristeza y depresión está únicamente en la intensidad.
Esto no es así.
Aunque la tristeza puede ser parte de la depresión, ésta es completamente diferente.
Es muy importante reconocer la diferencia entre ambas emociones, porque:
Algunas personas que sólo están tristes, pueden calificarse como deprimidas y en función de creerse esta etiqueta:
Tomar medicamentos que no necesitan y no les van a ayudar, sugestionarse, aumentar, con pensamientos equivocados, dicha tristeza, pensar que no pueden hacer nada al respecto, permitiendo que la tristeza se vuelva permanente, Las personas que sí están deprimidas, pueden no buscar ayuda, por creer que es una tristeza normal.
La tristeza es parte de la vida, no la podemos evitar, pero podemos manejarla para disminuirla o eliminarla.
Es la respuesta natural ante las situaciones dolorosas, que todos vivimos.
Es una sensación de decaimiento de nuestro estado de ánimo, un sentimiento de vacío, que tiene las siguientes características:
Resulta de una herida o de una perdida de cualquier tipo, la persona está consciente de la causa, casi siempre es pasajera, a menos que nosotros, con nuestra forma de pensar, la mantengamos o la aumentemos, la persona puede seguir funcionando adecuadamente, termina cuando la persona soluciona su situación o cuando modifica sus pensamientos y su actitud ante la vida.
La depresión es una enfermedad que:
Puede necesitar medicamentos, no siempre tiene una causa identificable, puede durar mucho tiempo, puede estar relacionada con aspectos:
biológicos, hereditarios, de personalidad y ambientales.
Mientras dura la depresión, la persona se siente:
desamparada, desesperada y sin energía para enfrentarse a la vida diaria.
La tristeza, como todas las emociones, tiene una función:
Nos ayuda a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra forma de vida, con lo que aprendemos a conocernos mejor.
Nos indica que algo está sucediendo en nuestra vida, que nos está afectando negativamente y necesitamos solucionar o cambiar.
Reconocer la tristeza, nos ayuda a disfrutar más de los momentos de alegría.
Algunas personas empiezan sintiéndose tristes y pueden acabar deprimidas.
Esto sucede por un mal manejo de la tristeza.
 ¿Qué hacer?
El primer paso es aceptar que estamos tristes y que no tiene nada de malo.
Sentir nuestra tristeza y ver sus manifestaciones físicas.
En donde la siento, cómo, qué siento, etc.
De hecho, si podemos, es importante darnos un tiempo e incluso "ayudarnos" con cierto tipo de música, películas, etc.
Escribir, sin pensar en lo que estamos escribiendo, cualquier pensamiento que nos venga a la mente.
Si queremos podemos:
Dibujar nuestra tristeza,
escribir un cuento relacionado con ella o tratar de darle forma:
Cerrando los ojos y dejando que aparezcan imágenes en nuestra mente o relacionándola con un objeto, animal, color, etc.
Todo lo anterior busca que tengamos un mayor conocimiento de nuestros sentimientos, para poder valorar objetivamente su intensidad, y duración.
Además, nos ayuda a ver que otras emociones pueden estar relacionadas con nuestra tristeza, en ese momento, para manejarlas o eliminarlas adecuadamente.
Recuerda que cualquier emoción que negamos, no solo nos desgasta emocionalmente, por la cantidad de energía que necesitamos para mantenerla tapada o escondida, sino que, en determinados momentos, nos controla.
Una vez identificada y aceptada la tristeza imagínate que está frente a ti y trata de ver con que está relacionada.
Que tipo de pensamientos y situaciones la provocaron y la mantienen.
Puedes recurrir a los pensamientos escritos en los pasos anteriores.
Si te sientes triste no te regañes, ni te exijas un cambio rápido es tus emociones.
Mientras no soluciones la situación y/o cambies los pensamientos que provocaron o mantienen la tristeza, ésta no va a desaparecer.
No trates de engañarte con frases como:
"No era tan importante", "hay cosas peores en la vida", etc., a menos que realmente estés 100% convencido de ello.
Con frecuencia la tristeza puede estar asociada al estrés, por lo que es importante que analices qué tan estresado estás y cuáles son las causas de dicho estrés.
Es importante reconocer nuestros sentimientos y expresarlos adecuadamente.
Aun si no puedes establecer claramente el origen de la tristeza, el hecho de aceptarla, reconocerla y sentirla, puede ayudarte a sentirte mejor.
Una vez que lo hayas hecho, busca actividades que te ayuden a sentirte mejor:
Hablar con un amigo, leer un libro, ver una película cómica, oír música, etc.
Esto te ayuda a "recargar energías" y te permite ver la situación desde una perspectiva diferente.
Pero sólo es verdaderamente útil, después de haber contactado con la tristeza.
No recurras a pastillas, alcohol, cafeína u otras sustancias que te "animen".
Pero no te acostumbres a la tristeza y dejes que sea parte de tu vida.
Si esto sucede, analiza de qué manera la tristeza te "está siendo útil".
¿Quizás evita que tengas que enfrentarte a cambios o a tomar decisiones?
¿Hace que la gente te preste más atención?
¿Te sirve como disculpa o justificación ante ti mismo o ante los demás?
¿Evita que te responsabilices?
Recuerda que sentirse bien y tener una actitud positiva es una elección, pero también un compromiso de acción.
Nosotros tenemos que actuar para aumentar nuestro bienestar y nuestra felicidad.
Continúa con tu vida.
No esperes a sentirte bien, para hacer lo que tienes que hacer.
El movimiento y las acciones aumentan nuestro nivel de energía e impiden que pensamientos negativos se apoderen de nuestra mente.
Con frecuencia una de las mejores maneras de sanar nuestro dolor y recuperarnos de nuestras pérdidas, es ayudando a otras personas que están pasando por una situación similar.
No trates de cambiar tus pensamientos negativos por positivos, sin analizarlos y entender por qué son erróneos y cómo aprendiste a pensar así.
Cuestiona estos pensamientos, de la misma manera que cuestionarías afirmaciones hechas por otra persona, con las que estás en desacuerdo.
Si puedes hazlo por escrito.
Recuerda que el hecho de que pienses o sientas algo, no significa que las cosas son así.
No es suficiente con cuestionar y debatir, una o dos veces, un pensamiento equivocado.
Si éste ha sido parte de tu forma de pensar por muchos años, necesitas cuestionarlo todas las veces que sea necesario, hasta que estés convencido de que es erróneo, sepas por qué lo es y el nuevo pensamiento pase a ser parte de tu repertorio actual.
Revisa la información sobre estrés, para ver hasta donde tus sentimientos pueden estar relacionados con éste.
En los artículos La depresión, Cómo vencer la depresión, Ideas, pensamientos, creencias y estrés y Estilos de pensamiento equivocados, puedes ver la relación entre nuestras emociones y nuestros pensamientos, para modificar estos últimos, si es necesario.
¿Podría ser que tu tristeza se relacione con una actitud pesimista o quizás con una tendencia a sentir autocompasión?
Con frecuencia, desde pequeños aprendemos actitudes de las que no estamos conscientes, pero que nos hacen sufrir.


jueves, 6 de junio de 2013

Todo sobre los Celos

 Todo sobre los celos

Que son los celos: Los celos son una respuesta emocional compleja y perturbadora, que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada nos reste atención en favor de otra. También se conoce así, al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona.
Patología : La psicología actual explica que los celos son la respuesta natural ante la amenaza de perder una relación interpersonal importante para la persona celosa. Los celos parecen estar presentes en todas las personas, indistintamente de su condición socio-económica o forma de crianza y manifestarse en personalidades que aparentemente parecían seguras de sí mismas. Una característica que parece destacarse en las personas celosas es tener rasgos de egoísmo. Los celos también tienen relación con la vergüenza que es una respuesta natural del organismo. Muchas de ellas, una vez que los padecen, se sorprenden de si mismas ya que ni siquiera sospechaban que los padecieran. Los celos pueden ser sanos cuando lo que se demanda es algo que se debe hacer sobre una base de equidad en la pareja; sin embargo acudir a este tipo de conducta refleja carencias personales muy profundas.
El celo carnal se expresa cuando se hacen demandas inapropiadas y cuando ejercen sentimientos enfermizos porque las demandas no son satisfechas. Este sentimiento refleja una cierta inseguridad emocional por perder dominio o sentir menoscabo en una relación interpersonal. Los celos se manifiestan ante la aparición de una situación o persona que el yo-interno clasifica como mucho más dominante y competitiva. Los celos provocan que el sujeto que los padece, se sienta vulnerado y ejerza un sobredominio de la persona objeto del celo, atrapándola en una red de cirscuntancias opresivas tales como privarla de la libertad, aislarla, seguirla al trabajo, revisar sus relaciones externas, buscar una evidencia de traición etc.
Además de las circunstancias causadas por el libre albedrío que todo el mundo tiene, es la cuestión principal de los celos de origen psicológico. Los estudios de Egene W. Mathes, de la Western Illinois University, quien realizó experimentos de campo para comprobar las hipótesis de Greg White respecto a los celos, la persona "celosa" (A) siente celos en su relación con la persona "celada" (B) al aparecer el "intruso" (C) - que puede ser otra persona o circunstancia - debido a dos razones fundamentales:
la pérdida de la relación representaría la pérdida de las recompensas y beneficios que dicha relación reportaba: la persona celosa ya no podrá compartir momentos de buena calidad o gratos con la persona celada: ya no conversarán, jugarán, o dormirán juntas, por ejemplo.
la pérdida merma la seguridad en sí mismo o autoestima: para la persona celosa (A), la persona celada (B) habría de elegir entre ella (A) y el "intruso" (C) y habría optado por el último (C), lo que sugeriría que (C) es más importante o mejor que (A).
Este "intruso" (C) puede ser otra persona (por ejemplo el nacimiento de un nuevo hermano en el contexto familiar), o alguna situación externa (por ejemplo cuando la esposa ingresa a trabajar por primera vez y dedica menos tiempo al hogar, o surge una buena amistad a (B).
Esta situación entre (A) y (B) puede ser creada también por el entorno de trabajo, amistades o familia, aunque no tengan un interés directo en la relación entre ambos (envidia).
Frecuentemente cuando hablamos de personas celosas nos encontramos un perfil definido por la pasión, la ansiedad, el neuroticismo e incluso algo de sadomasoquismo. Estas personas tienen un profundo sentimiento de abandono, que la otra persona se ha reído de ellos y sus sentimientos, que los han utilizado …todo esto les puede llevar del amor al odio en cuestión de segundos y el objeto de su amor pasa a ser el objeto de su actual odio. Cuando se llega a esta situación es cuando se pueden producir las agresiones físicas y psicológicas.
Celos patológicos: Los celos mal llevados al extremo constituyen una patología fuertemente autodestructiva; el sujeto que padece esta enfermedad "vive" en un estado de infelicidad, en función de sus miedos y sospechas de engaño, muchas veces completamente infundados y prácticamente no acepta otra condición de verdad que no sean las evidencias que confirman su inseguridad en la relación. Los celos patológicos pueden manifestarse indistintamente en hombres o mujeres.
Los celos causan mucha angustia e infelicidad y aún provocar el daño al ser objeto del celo, incluso hasta provocar una respuesta física de agresión desmedida terminando, en la reclusión (secuestro), en el asesinato o agresión física. Este nivel de celo es muy difícil de curar y las personas que lo padecen tienen grandes posibilidades de llegar a situaciones extremas si no se someten a un especialista. Existen países como España que han tomado medidas en el asunto debido a la gran cantidad de casos de violencia doméstica causada por los celos. La cura está basada en la recuperación de la confianza en la relación de pareja y de la seguridad de si mismo reconociendo el espacio vital que toda pareja debe tener y que no debe ser invadido por el otro. La prevención está relacionada con el aprendizaje durante la infancia de los valores de la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de los derechos del otro. Además también pueden prevenirlos una buena comunicación en la pareja. Una vez desarrollados los celos, la terapia psicológica puede ser muy útil si es que no hay una patología subyacente, como el alcoholismo. Si hay una patología subyacente, la terapia psicológica debe abordarla. En los casos de delirio, el enfoque es farmacológico.
Tipos de celos : Celos de confraternidad: son los llamados celos de un hijo que va a tener un hermanito, al cual enfocan toda su atención sus padres, lo cual causa mucha incomodidad en el infante que ha estado acostumbrado a recibir el cariño sólo a él y será cuestión de tiempo para que acepte que su hermano y él obtendrán el mismo cariño; pero en ocasiones esos celos perduran hasta la adolescencia e incluso hasta la edad adulta y aquí se presenta un tipo de celos más cercano al odio, que puede conducir a malas actos en contra de los hermanos menores.
Celos juveniles: son presentes en relaciones juveniles en la adolescencia, a donde un adolescente empieza a buscar su pareja y cuando otro ya la ha conseguido tiene celos de esta persona al tener lo que él desea; por ejemplo un chico se enamora de una chica, pero a esta la corteja otro chico lo que despierta la rabia y celos del primer chico.
Celos amorosos: es el más común de todos, y al que la mayoría lo asocia, muchos filósofos, científicos, religiosos, grandes eruditos y neurólogos defienden la teoría de que "celos" es la envidia y el egoísmo de una persona atraída al sexo opuesto que está siendo pretendida por otro individuo de su mismo género, es decir celos es: hombre enamorado + mujer + otro hombre enamorado de la misma mujer = celos, o viceversa, mujer enmorada + hombre + otra mujer enamorada del mismo hombre = celos. Muchos concuerdan que los celos de los varones son más grandes que los de las mujeres, ya que su cerebro tiene más amplia la hipófisis, que controla este sentimiento, y la testosterona hace que su instinto de procreación y de protección hacia sus hembras lo hagan perder más fácilmente la cordura, e ingresar a los celos.
Celos sin pareja : En algunos casos se puede sentir celos sin estar en pareja; puede ser de un compañero/a de trabajo o escuela de quien se tenga cierta atracción. Es uno de los problemas sentimentales más comunes entre la adolescencia y la juventud.
Pero durante la preadolescencia se da un fuerte paso, es decir, se ponen en práctica los descubrimientos anteriores, aparecen las fantasías sexuales, los genitales se definen, etc; pasan a menudo períodos en que desean compañía y otros en los que prefieren la soledad y el aislamiento. Se es muy frágil en su relación con los demás, porque internamente no se siente seguro de casi nada. Su autoestima puede ser fácilmente herida, y necesita sentirse aceptado por sus seres queridos.
El miedo al rechazo o a la exclusión, y la búsqueda de aceptación por todos los medios son dos aspectos esenciales de este período, durante el cual se van a determinar muchas de sus conductas, que puede llegar a transgredir las normas impuestas por la familia. El modelo grupal sustituirá a los valores representados por los padres, a los que se enfrentará para poder seguir formando parte de su grupo de amigos.
Las relaciones amorosas ocupan buena parte de su tiempo y espacios mentales, ya que ser escogido y amado le produce una enorme gratificación personal y eleva su autoestima. Cuando vive situaciones de celos, exclusión y abandono, experimenta un enorme sufrimiento, aunque más adelante su capacidad de reacomodación emocional le permita volver a la carga y buscar otros acompañantes.

Búsqueda de pareja : El despertar de la sexualidad genital durante la pubertad, además de la integración de los aspectos masculinos y femeninos en sintonía con el sexo anatómico, y la asunción de la identidad sexual, favorece la capacidad de elegir un destinatario amoroso fuera de la familia Esto no quiere decir que se escoja la pareja definitiva, puesto que el adolescente todavía tiene que recorrer mucho camino para poder realizar una elección de tal envergadura. Por eso, los romances en esta época son buenos y necesarios para ir experimentando en las relaciones amorosas los aspectos personales y sociales más importantes. La atracción ha de ser recíproca, y no deben existir presiones ni culpabilidades. Confianza, sinceridad y diálogo compartido son aspectos fundamentales para una buena relación, en donde la complicidad y el compañerismo han de ser prioridades. Lo más frecuente es que, después de haber realizado algunos tanteos y aventuras, cada adolescente esté más capacitado para escoger la persona con la que prefiere compartir sus cosas más íntimas La primera experiencia suele ser confiada primeramente al mejor amigo o la mejor amiga; sólo cuando el adolescente se sienta más seguro en la relación surgirán las ganas de explicarlo a sus padres.
Tener pareja da una gran satisfacción personal en una época de crisis como la adolescencia, pero no debe constituir una obsesión para calmar angustias de soledad, ni ser un motivo de orgullo delante de los amigos.
Las confidencias de amor con los amigos suelen proporcionar seguridad, si no se pretende con ello dar envidia, celos o quedar bien ante los demás. Un buen amigo puede guardar bien un secreto, y a veces es más importante su opinión que la de los protagonistas de la historia
La madre puede ser una buena confidente y también una buena consejera para sus hijos, aunque suele ser preferible que no quiera estar al corriente absolutamente de todo, para que éstos no se sientan presionados o investigados
Cuando la pareja de un hijo o hija adolescente llega a casa, la expectación suele ser enorme; por lo que no hay que precipitar la ocasión. Hasta que las cosas no están bien claras entre los dos, los puntos de vista familiares suelen ser muy incómodos y parecen poco objetivos.
Punto vista de la antropología : La psicología evolucionista clásica admite que los celos son un fenómeno universal propio de la especie humana, con diferencias debidas al género de la persona basándose en el supuesto de la especia ha vivido siempre en contextos de emparejamientos monogámicos, certeza sobre la paternidad y dependencia material y simbólica (alimentación, seguridad, estatus) de la mujer con respecto al varón. Así, los celos de las mujeres deberían estar motivados por la «infidelidad» emocional del varón (una forma de reaccionar a la posibilidad de que el varón deje de ser su proveedor) y los celos del varón, por la «infidelidad» sexual de la mujer (una forma de reaccionar a la posibilidad de estar proveyendo a hijos que no tienen su carga genética)
Van Sommers ofrece una mirada híbrida. En base al estudio de primates genéticamente cercanos a los humanos (2% de diferencia en el modelo cromosómico), que no parecen presentar comportamientos celosos, concluye que no hay un imperativo biológico para los celos y que estos son un producto meramente cultural. Pero, el hecho de que en todas las sociedades donde se dan relaciones sexuales «emocionalmente cargadas» se imponen los celos adultos y las dificultades que experimentaron individuos y grupos de nuestra sociedad que intentaron evadirlos, parecen indicar que hay raíces biológicas para los celos.
Existen unas pocas etnias en las que existen mecanismos sociales de minimización de los celos. En general son culturas no monogámicas en las que no se le da importancia a la paternidad biológica.
Pueblo Canela (Canela Ramkokamekrá y Canela Apanyekrá) en el noreste brasileño. Según William Crocker, hombres y mujeres debían ser generosos con sus bienes y con sus cuerpos. Entre ellos, negar pública o privadamente el deseo sexual de otro era considerado una actitud mezquina antisocial y maligna. Además se destaca que el contacto de estos pueblos con la sociedad occidental y sus artículos industrializados fue cambiando las costumbres y esto trajo aparejado deseos de posesividad sobre estos bienes y celos de los varones sobres las mujeres.
Mosuo en el sur de China. Según Judith Stacey existen entre los mosuo normas culturales que parecen operar para suprimir la posesividad sexual. Los mosuo sienten celos y envidia pero saben que deben reprimirlos e ignorarlos en aras de mantener la armonía. Para ellos, el amante celoso es ridículo, casi como un ladrón, y la falta de generosidad, es deshonrosa.
Celos en animales: Los celos en el reino animal, son comunes, se podría decir que hasta natural, hay animales que perciben algunas cosas que ni el ser humano puede, además de que se les puede confundir fácilmente.
Cuando llega un nuevo animal al hogar es probable que se produzcan celos por parte de la mascota que ya se tenga. Por ello, se debe tomar el control a fin de que reine la paz.
Si se nota un cierto nivel de rivalidad entre las mascotas por pasar más tiempo con el dueño, es necesario dar muestras de cariño a todos por igual respetando su espacio y su forma de actuar para que se encuentren completamente complacidas.
Así, al ser una conducta social, es probable que las mascotas estén celosas con respecto a su dueño, su entorno y a la lucha que tienen por mantener su poderío o por no ser sustituidos. Entonces, es necesario educarlas de una manera correcta para que sepan cuál es el lugar que tienen en casa, de la misma manera en la que deben acostumbrarse a interactuar con otras personas y otros animales.
En el caso de tener más de una mascota, se debe ser equitativo hasta para dar afecto, ellos aunque no se crea pueden sufrir mucho por esas diferencias. También hay que saber que si uno tiene varias mascotas va haber uno predominante, y es mejor dejarlo así, ellos se van arreglar bien, es mejor no intervenir en sus decisiones en determinadas circunstancias.

Amor o sentimiento de posesión?: Los celos, ("el vicio de la posesión", como Jacques Cardonne los denominaba) han sido, desde hace siglos, argumento recurrente y fértil de la literatura aunque constituyan también el germen de demasiados sucesos desgraciados y muy reales. Pero, ¿qué son los celos?.
Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).
En el ámbito sentimental, el rasgo más acusado de los celos es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros.
Cuando se muestra en su forma aguda, el origen de los celos hay que buscarlo en situaciones neuróticas o, en general, psicopáticas. Algunos autores creen que el sentimiento de los celos es universal e innato. Linton, por ejemplo, ve una prueba de esta tesis en el hecho de que en las Islas Marquesas, donde la libertad sexual es prácticamente total, los indígenas manifiestan sus celos sólo cuando están ebrios; es decir cuando su control voluntario, su raciocinio, ha disminuido. Por el contrario, otros psicólogos (como O.Klineberg) señalan que este sentimiento es de origen cultural, y que los celos no dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino del "estatuto" social. En las sociedades monogámicas, como la nuestra, y siempre según este autor, el adulterio sólo provoca reacciones celosas en la medida en que origina inseguridad (material o afectiva) o afecta al prestigio y al honor. Son dos teorías relativamente antagónicas, pero como ocurre con frecuencia, perfectamente complementarias.
Podemos pensar por tanto, que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y, a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi.
Un sentimiento que puede resultar peligroso: Las personas muy celosas son, frecuentemente, apasionadas, ansiosas, un poco sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. Buscan con avidez todas las pruebas de su presunto infortunio y se muestran refractarios a los argumentos racionales que les trasmiten las personas cercanas con las que se sinceran.
Los celosos delirantes que se sienten abandonados, menospreciados y burlados, pueden llegar hasta la tragedia de perseguir con odio a su "amor" y no vacilarán en atacarlo. De ahí que este sentimiento de los celos genere tantos problemas, no sólo en la seguridad física de las personas directamente afectadas por casos criminales sino también en el equilibrio emocional de otras muchas cuyo bienestar psicológico se ve amenazado. Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.
El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo.....), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo...
Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.
Los celos no son amor: Los celos, en contra de lo que podría parecer y de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios o guiones de películas, no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican cuánto se quiere, se necesita o se desea a la otra persona. Y, normalmente, quienes padecen preferentemente estos ataques de celos son personas muy centradas en sí mismas, que sólo se curarán saliendo de su autoencierro. En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro...
Un tipo muy especial de celos son los infantiles ("complejo de Caín"), que se manifiestan tras el nacimiento de un nuevo hermano. El niño, antes centro de todas las atenciones, se ve obligado a aceptar que debe compartir con el nuevo miembro de la familia el amor y cuidados de sus padres, muy especialmente de la madre, lo que hace que vea en el recién llegado un usurpador y la malquerencia hacia "el intruso", lo que puede conducirle a volcar su agresividad en su pequeño hermano. Según los psicólogos, no es extraño que incluso el origen de ciertos estados neuróticos que sufren los adultos provenga de secuelas de celos infantiles padecidos hace décadas. Pero los celos no son exclusivos del espacio familiar o sentimental: otro ámbito donde germinan es el mundo laboral.
Los celos afectan con frecuencia a profesionales desconfiados y muy competitivos (en la mala acepción del término), incapaces de trabajar en equipo y que invierten gran parte de su tiempo y energía en los pequeños detalles, no compartiendo información y controlando cuanto ocurre a su alrededor, a fin de que nadie presente un trabajo que pueda ensombrecer el suyo. La vida y valía personal de estos celosos laborales giran en torno a su estatus profesional y mantienen una baja autoestima (disfrazada frecuentemente de autosuficiencia). Y, por supuesto, con esa actitud, evidencian su inseguridad y un déficit de inteligencia emocional, al no responder positiva y equilibradamente a los estímulos del exterior, en este caso, a la competencia de sus compañeros de trabajo.
También pueden surgir los celos en la relación con los amigos ("ese es el más guapo, aquellla es la más lista, ese el que tiene la casa más bonita, este es el que está casado con la que más dinero gana"), pero normalmente no generan tantos problemas ni alcanzan dimesiones dramáticas.
Si nos sentimos celosos de nuestra pareja: "Los celos son malos consejeros" dice el refrán. No desdeñemos su importancia ni dejemos que se nos cuelen como sentimientos normales o que hasta tienen su encanto, por cuanto trasmiten "lo mucho que le quiero". En la realidad cotidiana, los celos rompen y enturbian las relaciones, y los individuos celosos acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, el equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomía del otro. Si en un momento determinado nos sentimos víctimas de un ataque de celos que perjudica nuestro bienestar emocional, actuemos dedicidamente:
Seamos conscientes de que estamos padeciendo los celos sin querernos engañar jugando a progresistas.
Comuniquemos nuestros sentimientos a la persona cuyo comportamiento ha generado los celos, especificándole claramente las conductas que nos hacen sentirnos celosos.
Hablémosle cuanto haga falta, aunque sin someterla a una presión excesiva (y mucho menos aún, recurriendo a amenazas o agresiones físicas), y con ánimo de pedirle que nos ayude a disipar nuestras dudas. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con nuestra percepción, que perfectamente puede ser errónea.
Si se trata de un pensamiento irracional que estamos alimentando, debemos apoyarnos en la realidad y desterrarlo definitivamente. Nos será más fácil si contamos con la ayuda de la otra parte. Pero no olvidemos también es parte afectada, a la que debemos comprender y ayudar.
Revisemos durante un cierto tiempo nuestra actitud ante la otra persona, para comprobar que los celos han desaparecido.
Fortalezcamos el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: son los mejores instrumentos para superar el desencuentro y los celos.
Aceptémonos más, confiemos en nosotros mismos y trabajemos la seguridad en nosotros mismos, nuestra autoestima.
Si sufrimos un cuadro agudo de celos o nos vemos incapaces de gestionarlos por nosostros mismos, dirijámosnos cuanto antes a una consulta psicológica.
Y, por último, si hay motivo real para nuestros celos, planteemos con realismo la situación a nuestra pareja. Y armémonos de valor, paciencia y comprensión para superar la situación. Casi todo tiene un final, y el amor también puede tener fecha de caducidad.
Los celos y la envidia en el trabajo son distintos en hombres y mujeres: Un estudio realizado por investigadores de España, Holanda y Argentina señala que, en el ambiente laboral, la competición sexual afecta más a las mujeres que a los hombres. Sin embargo, las habilidades sociales del rival provocan celos y envidias profesionales en ambos sexos por igual.
La rivalidad intrasexual se refiere a la competición con otras personas del mismo sexo impulsado por el afán de obtener y mantener el acceso al sexo opuesto. Los autores del estudio han analizado este tipo de rivalidad a través de cuestionarios repartidos directamente a 200 sujetos en sus puestos de trabajo. "Las mujeres con un alto nivel de competición intrasexual son más celosas si la rival es más atractiva y más envidiosas si la rival es más poderosa y dominante", ha explicado a la agencia SINC Rosario Zurriaga, investigadora de la Universidad de Valencia y una de las autoras del estudio que ha publicado Revista de Psicología Social. "En los hombres no se obtienen estos resultados, ya que ninguna de las características del rival que provocan celos y envidia predicen la competición intrasexual", añade.
En el análisis, Zurriaga y sus colegas distinguieron entre dos emociones: celos, que se conceptualizan como una amenaza o pérdida de logros en una relación debido a la interferencia de un rival, e implican pérdida o amenaza de pérdida de lo que se poseía; y envidia, que se conoce como una respuesta a otra persona que posee logros, habilidades o cualidades que uno desea, e involucran carencia en comparación con el envidiado.
Según sus resultados, en general la competición sexual provoca más celos y envidia en las mujeres. No obstante, tanto en hombres como en mujeres las habilidades sociales de los rivales provocan estas dos emociones. "Este resultado pone de manifiesto la importancia de las destrezas sociales en entornos laborales", afirma Zurriaga. "Nuestra investigación pretende clarificar el papel de emociones como los celos y la envidia en el trabajo. Estos sentimientos no han sido muy estudiados en contextos laborales y pueden generar estrés en los trabajadores y afectar negativamente a la calidad de vida laboral", añade la investigadora.  "Esta es una de las primeras investigaciones que examina las características del rival en este entorno y contribuye a entender mejor conflictos y problemas que pueden ocurrir en las relaciones laborales", concluyen los autores del trabajo.

¿Son diferentes los celos de hombres y mujeres?: En todas las culturas ellos sufren más celos sexuales, y ellas, emocionales. Esto es lo que revelan los estudios del doctor David M. Buss, psicólogo evolucionista de la Universidad de Texas: para los hombres, lo peor es que su pareja se acueste con otros, y a las mujeres les aterra la idea de que su compañero se enamore de alguien más. Como buen evolucionista, Buss explica esta diferencia con la hipótesis de que los celos son una estrategia que previene la pérdida de "relaciones importantes". Y los riesgos son distintos para cada sexo.
El varón puede repartir su esperma, ya que tiene de sobra, pero debe cerciorarse de que está dedicando los cuidados paternales a sus propios genes; o sea, de que el hijo es suyo. El coste biológico del óvulo es mayor, por eso una mujer tiene que estar segura de que el hombre que elija como pareja no abandonará su responsabilidad en la crianza para irse con un nuevo amor.
Los perros también sienten celos: Además de leales, cariñosos y serviciales, los perros pueden ser muy celosos. Incluso tienen cierto sentido de la justicia, según revela un estudio austriaco publicado hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
El investigador Friederike Range y sus colegas trataron de medir el comportamiento de los animales utilizando perros bien entrenados que rápidamente ofrecen una pata cuando se les pide. Los científicos utilizaron parejas de canes pertenecientes a un mismo dueño, pero los trataron de forma diferente: mientras uno recibía una buena recompensa cuando levantaba la pata (una salchicha) al otro no se le ofrecía nada. Al detectar la "injusticia" que se cometía, el perro agraviado mostraba enfado y resentimiento. Y finalmente dejaba de obedecer la orden.
"Un elemento esencial de la evolución de la cooperación es la sensibilidad al esfuerzo de los otros en comparación con los propios costes y ganancias. La aversión a las desigualdades es una fuerza que nos empuja a cooperar o nos lo impide", escribe Range en PNAS. Hasta ahora el rechazo a colaborar al ser testigo del trato desigual a otros compañeros sólo se había observado en primates. El nuevo estudio con estos animales de compañía, revela "una etapa temprana de la evolución de los comportamientos cooperativos que más tarde aparecieron en simios y humanos", precursora de sentimientos humanos más complejos como la envidia.
¿Tienes frenemigos?: Llamas a un supuesto colega para contarle que tu pareja está a punto de dejarte y te suelta que él no se queja de estar solo. Cuando estás pasando por una mala época, parece que se alegra y su autoestima se dispara. Es probable que esa persona sea, en realidad, un frenemigo.
Nos referimos a los amigos ambivalentes, por los que sentimos afecto, pero que, muchas veces, nos causan dolor emocional. Casi siempre sienten celos de nuestros logros y disfrutan si las cosas se nos tuercen. Son expertos en el arte de meter el dedo en la llaga cuando deberían arroparnos y consolarnos. No importa que los consideremos inseguros, envidiosos o narcisistas: les tenemos cariño y nos resistimos a cortar por lo sano.
En 2007, los psicólogos norteamericanos Julianne Holt-Lunstad y Bert Uchino tomaron la tensión de 107 voluntarios mientras hablaban de un acontecimiento negativo con un frenemigo y, luego, con un verdadero aliado. La presión arterial era más elevada en presencia del primero, con el consiguiente riesgo para el corazón. El problema reside en la ambivalencia con la que tiñen la relación. Esperamos algo de ellos -claro, son nuestros colegas-, pero nos producen ansiedad y frustración. Un peligroso atajo hacia la enfermedad, pues el estrés reduce la eficacia del sistema inmunitario. Además, estos investigadores calcularon que alrededor de la mitad de nuestras relaciones personales son ambiguas y agobiantes: incluyen, también, a los familiares a los que no tenemos más remedio que soportar. En otro experimento, pedían a los voluntarios que realizaran dos tareas: un cálculo aritmético mental y defenderse de una falsa acusación. Las personas con más pseudoamigos tenían una frecuencia cardiaca y una tensión arterial más altas durante las actividades. Esto se traduce en menos resistencia al estrés y más riesgo de sufrir depresión.
Cuidado con los vampiros emocionales: Cuando oyes de un conocido: "No lo digo para criticarte", puede significar que en el fondo su intención sea despellejarte y, de paso, hundirte en la miseria. No importa que tu éxito sea fruto del trabajo o de tu talento. El celoso enfermizo tratará de destruirte a través de la descalificación y la calumnia. Napoleón Bonaparte dijo que la envidia es una declaración de inferioridad. Sin embargo, al igual que ocurre con el estúpido, el envidioso puede ser un enemigo muy peligroso. El motor que le mueve es un irrefrenable deseo de destruir al que ha logrado el triunfo y la excelencia.
No todos se ajustan a un mismo patrón. Entre las personas tóxicas, los hay arrogantes que nos restriegan su supuesta superioridad, hostiles que maltratan verbalmente, déspotas que nos anulan en el trabajo, psicóticos que nos ponen en peligro o neuróticos que nos arruinan la vida. Aunque presentan diferentes perfiles psicológicos, todos tienen dos características comunes: son manipuladores e intratables. Solo la experiencia hace que algunas personas puedan detectarlos a tiempo y evitar así el contacto con ellos. Los psicólogos y psiquiatras dicen que son genuinos vampiros que se alimentan de las energías de otras personas.
Otras definiciones.
Que son los celos y por que los sentimos: Sentir celos es parte de la naturaleza humana, es una respuesta emocional que ocurre como resultado de un complejo proceso psicológico que nunca es agradable. Por ello es que hoy te invito a intentar describir qué son los celos y por qué somos celosos.
¿Qué son los celos?: Los celos representan una de las emociones más naturales o esenciales y al mismo tiempo, una de las más oscuras, dañinas e incómodas que existen.
Se tiene constancia de que este sentimiento es inherente a la condición humana desde tiempos ancestrales, siendo por ejemplo una temática recurrente en la mitología Griega o en las narraciones de la Biblia (donde aparecen en innumerables oportunidades como un mal en los hombres).
Sin embargo, también podemos encontrarnos con esta emoción en otras especies animales tales como los chimpancés, los elefantes o los perros, que también son celosos, entre otros tantos.
Hay quienes creen que los celos son otra forma de envidia pero, a diferencia de esta, los celos aparecen más bien como un temor, como el miedo a perder determinada cosa, objeto, función o relación, entre otras cosas. Para entender mejor ambos conceptos, veamos cómo define estas emociones el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE).
Envidia: Tristeza o pesar del bien ajeno. Emulación, deseo de algo que no se posee.
Celo: Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.
Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro. U. m. en pl.
Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.
Entonces podemos diferenciar estas emociones al tener en cuenta quiénes o qué cosas entran en juego. Así, decimos que la envidia se refiere a algo que alguien más posee mientras que el celo refiere al temor ante la pérdida de perder algo que nosotros poseemos.
¿Por qué somos celosos?: A pesar de que en la antigüedad, las causas de este fenómeno fueron adjudicadas a deidades o entidades sobrenaturales e ilógicas, hoy sabemos que la responsabilidad es nuestra. Desde el campo de la ciencias, como la Psicología y particularmente desde la Psicología Evolutiva, sabemos que todo pasa por nuestros cerebros, tanto la forma en la que establecemos nuestras relaciones, como la manera en que buscamos mantener (o no) las mismas.
En sí, de acuerdo a diversos psicólogos contemporáneos, los celos son una respuesta emocional inherente a la naturaleza de los Hombres, donde tanto en hombres como en mujeres ocurre de la misma manera y esta ligado a una cuestión muy simple: buscar proteger lo que se quiere.
Los humanos aprecian, quieren y aman sus pertenencias, sus puestos de trabajo, sus amigos, sus parejas, etc., y la idea de perder ese vínculo o tan solo peligrar su existencia, los martiriza con este horrible sentimiento.

Muchísimo tiene que ver con nuestras capacidades cognitivas, con cómo procesamos la información y a cómo estipulamos con ella. Además, los celos tienen mucho que ver con la sexualidad y la naturaleza de nuestros hábitos reproductivos sin embargo, no solo con ella puesto que por ejemplo, volviendo a lo que estos procesos cognitivos refiere, pensemos en los niños o incluso en los bebés de apenas unos meses de vida que presentan esta clase de emociones o este tipo de comportamiento.
La raíz de los celos y la influencia de diferentes cuestiones como el género, la edad, el origen étnico y demás, siempre han sido un tema de controversia. En realidad, si, todos estos factores tienen que ver con el desencadenamiento de los celos, el tipo de celo o la graduación en la que se los podría clasificar. En el ámbito del sexo, por ejemplo, a muchos les podrá llamar la atención la práctica sexual de las parejas conocidas como swingers o aquellas personas que en el acto sexual comparten a su pareja. A muchos les parecerá un tabú o considerarán que en una situación semejante, morirían de un ataque de celos.
Lo cierto es que allí entran en juego muchos de los aspectos antes señalados, en especial aquellos que están relacionados a los procesos cognitivos de cada individuo. Pero más allá de toda esta cuestión social, cognitiva y cultural, más allá de factores como la edad, el género o la naturaleza psíquica de cada individuo, también hay ciertos detalles a señalar desde los cuales nos adentramos al campo de la Neurociencia.
Dejando de lado los aspectos sociales, en Neurociencia se considera que sí existen diferencias entre los sexos y que, más específicamente, las mujeres son más celosas que los hombres. Pero para entrar en este ámbito, deberíamos considerar una compleja diferenciación entre el concepto de sexo y amor, que no haremos en esta oportunidad pero que vale la pena mencionar.
Mediante diferentes experimentos, se ha determinado que por ejemplo en una pareja, la infidelidad en el coito provoca una respuesta que implica un mayor grado de celos y otros sentimientos como rabia, ira, etc., que en el caso de una infidelidad de tipo psíquica o de algún modo “espiritual”. Si la persona es infiel en la cama pero no hay una conexión (lo que llamaríamos “amor”) los celos aparecen en menor grado y con consecuencias menos nocivas.
A su vez existen diferentes tipos de celos, desde celos más habituales vinculados al empleo, amistad, familia, romance, a los  celos anormales, que rozan la paranoia y las patologías psicológicas.
Bien podríamos decir que nuestros celos, en gran parte, son entonces el resultado de nuestra inseguridad, nuestra poca capacidad para desarrollarnos como individuos independientes, el peso de nuestra calidad como sujetos sociales y en cierta medida, de nuestro profundo egoísmo.
¿Qué opinas sobre este tema? Todos algunas vez sentimos celos o fuimos el objeto de los celos de alguien más. ¿Por qué crees tú que somos celosos?
Los Celos infantiles:
1- Introducción
Los celos pueden definirse como un estado subjetivo caracterizado por una sensación de frustración al creer que ya no somos correspondidos emocionalmente por las personas queridas (padres, parejas...) o, al menos, con la intensidad y frecuencia que deseamos o necesitamos.

Muchas son las causas que pueden disparar los celos. En la infancia es habitual la aparición de celos tras el nacimiento de un hermanito. En cierto modo, el niño se protege y reclama seguir teniendo la misma atención que se le dispensaba antes y que ahora tiene que ser compartida. Por tanto, puede tener un cierto valor adaptativo. No obstante, en muchas ocasiones, la respuesta de celos es exagerada, prolongada en el tiempo y cursa con gran malestar y deterioro en las relaciones familiares. Es, en estos casos, cuando la ayuda profesional es imprescindible.
Como se ha dicho, en todos los episodios de celos hay una experiencia subjetiva de malestar emocional y frustración independientemente de los hechos que la provoquen y perpetúen. Estas causas pueden, a su vez, ser reales y obedecer a hechos objetivos, o irreales (imaginadas o inventadas) en cuyo caso podríamos estar ante un trastorno clínico.
Normalmente, la respuesta del niño o persona que padece los celos, cursa con envidia y resentimiento hacia la persona intrusa que se percibe como un rival para compartir el mismo espacio afectivo.
Los celos llevan además implícitos un proceso de distorsión cognitiva acerca de los hechos objetivos, los sentimientos de los otros, las consecuencias futuras y, en definitiva, de la percepción de la realidad. Esto añade más carga negativa pudiendo incrementar en el niño una baja autoestima, cuadros de ansiedad o miedos pero también conductas desadaptadas como más adelante se expone.
2- Posibles causas de los celos entre hermanos
a) Características de los hijos
Normalmente, se atribuyen las causas de los celos infantiles, en especial en aquellos que se dan entre hermanos, a factores ambientales y evolutivos. Sin embargo, hoy sabemos, de la existencia de ciertas características del temperamento en niños que van ser muy relevantes en la posible aparición de la conducta celosa. Estos factores, que podrían ser de tipo genético, predispondrían a desarrollar este tipo de conductas con mayor probabilidad e intensidad, configurando en el tiempo una personalidad celotípica que se seguiría manifestando en la vida adulta con parejas sentimentales o compañeros de trabajo, entre otros.
Algunos estudios avalan la hipótesis de que los niños de temperamento sensible, detallista, metódico, con esquemas bastante rígidos y poca tolerancia a los cambios (de casa, de escuela, de educadores, etc.), a veces con poca capacidad para expresar con palabras sus sentimientos (en el caso de los niños mayores de 4 años), tendrían más posibilidades de desarrollar un trastorno de celos ante la llegada de un hermano.
Por otra parte, sabemos que cada niño es diferente y también lo es su percepción acerca de la distribución de atención y privilegios entre los hermanos por parte de los padres.
Independientemente de la situación objetiva que se produce en las relaciones padres-hijos, cada niño construye su propia realidad en base a su carácter y historia previa. De esta forma, podemos creer que somos muy ecuánimes en el trato con nuestros hijos pero alguno de ellos puede interpretar lo contrario.
Frecuentemente se proporciona mayor atención al hijo celoso, pero eso no sirve para hacerle cambiar en sus percepciones y sentimientos. También puede ocurrir que las conductas celosas se perpetúen como forma de obtener ciertos privilegios o mantener una posición de aparente “fragilidad” para utilizarlo a su favor.
b) El momento evolutivo
Los celos son normales dentro del curso evolutivo del niño y a edades tempranas tras el nacimiento de un hermanito (a partir de 2 años hasta los 4 o 5 aproximadamente). La etapa más sensible es cuando la llegada del hermano se produce durante la fase de apego.
Se considera que tienen un valor adaptativo en cuanto es un sistema de regulación del niño para afrontar una nueva situación. Lo habitual es que vayan desapareciendo o reduciéndose a medida que el niño se hace mayor.
En algunas ocasiones, cuando estos celos son persistentes en el tiempo, frecuentes, de cierta intensidad y cursan con malestar significativo en la relación familiar es cuando podemos encontrarnos con los celos patológicos que sí pueden asociarse a ciertos factores internos del propio niño, entre otras causas.
Los celos entre hermanos pueden darse en los dos sentidos, es decir del hermano mayor hacia el menor y viceversa. En el primer caso suelen aparecer conductas regresivas (conductas infantiles de imitación del hermano pequeño, enuresis secundaria, etc.) y en el segundo, los celos se dan en el sentido de identificarse con el hermano mayor que le sirve de modelo al tiempo que reivindica los derechos y privilegios que se le otorgan por su edad más avanzada.
c) Características de los padres
Los estilos educativos de los padres, así como el clima familiar son también factores importantes a tener en cuenta. En aquellos hogares donde los padres adoptan un estilo abierto, comunicativo, de igualdad de trato (dentro de cada edad), de afecto compartido, sin establecer comparaciones entre hermanos y sabiendo destacar lo mejor de cada uno, es donde se pueden minimizar los riesgos de celos.
Cuando la atención hacia los hijos es asimétrica puede potenciarse la aparición de los celos. Sucede que hay niños más extrovertidos, alegres o con mejores recursos sociales que suelen acaparar la atención con mayor facilidad que alguno de sus hermanos. Es normal, en estas situaciones, que estos niños reciban de forma natural mayor atención de las otras personas.
Algunos estudios avalan la hipótesis de que cuando existe una buena relación afectiva padre-hijo antes del nacimiento del hermano se minimiza el riesgo de conflicto posterior con la madre por motivos de los celos.
Igualmente señalar que puede ser un factor de riesgo desencadenante el estado anímico y emocional de la madre tras el parto. Si se dan cambios importantes en su comportamiento o hábitos (cansancio, estrés post-parto, depresión, etc.) pueden afectar al niño que relaciona los cambios negativos con la llegada del hermano.
d) Factores ambientales
Cada niño constituye un individuo con características únicas. Éstas se van conformando a lo largo del ciclo evolutivo en base a la interacción de su genética con las experiencias vividas y la educación recibida.
Los niños que en su primera infancia han sufrido carencias afectivas (malos tratos, agresiones, abandono, etc.) pueden desarrollar posteriormente, aunque el ambiente se haya “normalizado” una sensibilidad especial hacia la necesidad continua de atención y, por tanto, poca tolerancia a compartir su espacio con otros y, por tanto, a desarrollar conductas celosas de diferente índole.
En general, podemos afirmar que tanto un ambiente afectivo excesivo o mal entendido (tolerarle todo, ceder a sus demandas, hacerle creer que es el centro del universo, etc.) como lo opuesto (escasa afectividad, mal trato, poca interacción, abandono, etc.), pueden provocar desajustes que cursen con episodios de celos entre otras manifestaciones conductuales.
3- Síntomas y manifestaciones del niño celoso
Los indicadores de la presencia de celos en niños pueden ser muy variados y van desde la aparición de conductas de aislamiento, infelicidad y frustración (conductas internalizantes o dirigidas hacia uno mismo) a conductas disruptivas y agresivas dirigidas tanto a las personas objeto de envidia como hacia las figuras de apego (conductas externalizantes dirigidas hacia otros).
Dependiendo del temperamento del niño, su edad y circunstancias ambientales las manifestaciones celotípicas variarán entre los dos extremos propuestos pudiendo simultanear una combinación de ambas.
En general, los niños celosos pueden manifestar algunas de las siguientes conductas:
Cambios de humor no justificados.
Signos de infelicidad. Lloro frecuente sin motivo. Tristeza acompañada de manifestaciones verbales de no sentirse suficientemente querido.
Aparición de nuevas conductas (no presentes hasta la llegada de un hermano o ya superadas) normalmente desadaptadas con el simple motivo de llamar la atención de los padres (pipi en la cama, negarse a comer, agresividad injustificada hacia objetos o animales, comportamiento social anómalo, etc.).
Cambios en la expresión verbal y gestual. Vuelta a un lenguaje más infantil con presencia de gestos inmaduros como chuparse el dedo.
Alteraciones en los patrones de comida (menos apetito o más selectivo con los alimentos, rechazando platos antes preferidos o se le tiene que dar la comida) y sueño (insomnio, despertar nocturno, solicitar dormir con los padres, etc.)
Negativismo, terquedad, dificultad para obedecer. En los casos más extremos: oposicionismo, agresividad manifiesta y actitud desafiante hacia padres y compañeros.
Negar sistemáticamente los errores propios y culpabilizar a los otros de sus problemas o actitudes (en especial al hermano objeto de celos).
4- Estrategias y orientaciones de intervención
La mejor forma de regular los celos es intentando conocer cual es el origen de los mismos. Deberemos tener en cuenta la historia previa del niño, su edad, circunstancias, etc. También es importante diferenciar entre la aparición repentina de los celos o un temperamento o personalidad celosa. En el primer caso podemos sospechar la irrupción de algún elemento novedoso como puede ser el nacimiento de un hermano. En el segundo caso se trata de niños con cierta predisposición a padecerlos y su tratamiento será más complejo.
En el caso de que los episodios se mantengan en el tiempo, su magnitud sea desproporcionada respecto a lo esperado por su edad y educación recibida, produciéndose un deterioro en las relaciones familiares, es cuando aconsejamos la visita a un profesional.
Una vez identificados los celos, los padres y demás familiares relevantes deberán consensuar una estrategia común para ayudar al niño.
A nivel general exponemos una serie de orientaciones para minimizar las conductas celosas entre hermanos:
Es fundamental establecer un equilibrio en el trato a los diferentes hermanos de forma que no haya un trato de preferencia hacia ninguno de ellos ni se establezcan comparaciones.
Siempre es más eficaz alabar los aspectos positivos que recriminarle los negativos.
Delante conductas celosas (rabietas, desobediencia, negativismo, etc...) puede aplicarse la retirada de atención o alguna de las técnicas conductuales que se utilizan en la modificación de conducta. Si los celos suponen un reclamo de atención emocional, debemos ser capaces de dársela contingentemente a las conductas deseadas o positivas, nunca tras los episodios de celos.
Aumentar el tiempo en actividades y juegos de toda la familia es buen método para mejorar la comunicación y estrechar lazos.
Responder con tranquilidad a los episodios celosos, sin estridencias ni recriminaciones, comunicarle al niño nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención. Posteriormente cuando se tranquilice y, según la edad, podemos intentar razonar lo ocurrido y darle la atención emocional. No obstante, “razonar” con el niño celoso (aunque tenga edad suficiente para comprender nuestros argumentos) no funcionará siempre. Debemos entender sus conductas como síntoma de un malestar y no desde la perspectiva adulta.
Cuando los celos son del hermano mayor hacia otro de edad inferior puede resultar útil irle recordando de forma sutil las ventajas y “privilegios” que tiene al ser mayor (por ejemplo: acostarse más tarde o poder realizar ciertas actividades). También, para los niños a partir de los 3/4 años aproximadamente puede ser útil darles cierto protagonismo respecto a los cuidados hacia el hermano pequeño y la importancia de su ayuda para la familia. A estas edades puede ser insoportable perder todo el protagonismo debido al recién llegado. Es frecuente que las diferentes personas y familiares que visitan al bebé le dediquen una atención casi exclusiva quedando en segundo término el hermano y acrecentando sus celos.
La relación entre hermanos tiene su propio ciclo de desarrollo. Si el clima familiar es emocionalmente estable y equilibrado, los celos puntuales, normalmente son superados y no presentan mayores problemas.

No más peleas: los celos son clave para mantener el amor
Los celos pueden ser positivos si sabemos cómo manejarlos.
Decía Gregorio Marañón que los celos son un “instrumento certero que destruye la libertad interior y elimina en la compañía toda la felicidad posible”. El ilustre médico español no es el único que ha dedicado palabras de agravio a los celos. William Shakespeare bautizó a los celos como el “monstruo de los ojos verdes” y Miguel de Cervantes comparó estos con la calentura en el hombre enfermo, pues “tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta”. Los celos han gozado de mala prensa durante toda la historia, y pocos han visto en ellos algún aspecto positivo. Pero lo cierto es que los celos, además de ser inevitables, pueden ser beneficiosos, siempre que sepamos manejarlos de la forma adecuada.
Cuando decimos que una persona es celosa no siempre nos referimos a lo mismo. Hablamos de alguien que siente algún tipo de inquietud o sospecha respecto a la persona a la que ama, porque piensa que puede haber empezado a querer a otra persona. Pero los celos pueden incluir, además, un conjunto de sentimientos, como el miedo, la tristeza o la ira, que merecen ser analizados por separado. La realidad es que los celos, tal como explicó en 1947 el psiquiatra Boris Sokoloff, uno de los primeros estudiosos del tema, “no sólo están imbricados en la naturaleza humana, sino que son la emoción más básica y omnipresente en todos los aspectos de las relaciones humanas”. Todos los tenemos, pero no de la misma forma, ni del mismo tipo.
Clasificando los celos: En 2007, los psicólogos Robert Bringle y Robert Rydell, establecieron dos categorías de celos que, según explicaron en un estudio publicado en la revista Social Behavior and Personality, deben estudiarse por separado. Por un lado están los celos reactivos (reactive jelousy) que parten de componentes emocionales, y por otro los celos de sospecha (suspicious jelousy), que parten de componentes cognitivos y conductuales.

Distinguir entre uno y otro tipo de celos es vital, en la medida en que los celos reactivos están justificados, y los de sospecha noLos celos reactivos aparecen como reacción a un comportamiento de nuestra pareja que nos parece reprobable. De alguna manera, se trataría de unos celos “justificados” que aparecen si, por ejemplo, pillamos a nuestra novia flirteando con otra persona. Estos celos reactivos, según explican Bringle y Rydell en su estudio, son más fuertes en las parejas con fuerte interdependencia y una gran confianza mutua. Hacen que nos sintamos traicionados pero, no dejan de ser algo positivo, pues, si tras sentirlos logramos hablar de ello con nuestra pareja, la relación saldrá fortalecida. Al fin y al cabo, el sentir un celo reactivo, no deja de ser algo positivo, pues significa que realmente sientes algo por la otra persona.
Los celos de sospecha, por el contrario, aparecen sin la necesidad de que haya una indicación real de traición, o infidelidad, y no son tanto un problema de pareja, como de la persona celosa, que suele tener inseguridad, ansiedad o baja autoestima. Se trata de los celos que debemos evitar, en la medida en que no responden a una realidad, y son los más peligrosos para la pareja –los otros son más sinceros: se pueden solucionar, o no, pero entran dentro de la “normalidad”–. Distinguir entre uno y otro es vital, en la medida en que los celos reactivos están justificados, y los de sospecha no. Hablar de esto con nuestra pareja es la única manera de acabar con el problema.
¿Un mecanismo evolucionista?: Como es habitual en todos los temas relativos al amor, la corriente evolucionista trata de explicar la aparición de los celos como un mecanismo biológico orientado a la preservación de la especie. En un estudio publicado en julio en la revista Philosophy & Technology, el investigador del Oxford Uehiro Centre for Practical Ethics Brian Earp, asegura que los celos cumplen una función positiva para nuestra especie, pues logran que las familias permanezcan unidas y los padres se centren en la crianza de los hijos. Los celos, explica, liberan oxitocina, la célebre “hormona del amor”, cuya administración artificial podría ayudar a salvar a los matrimonios en peligro.
Los celos no solo son de distinto tipo, además, aparecen por distintos motivos en hombres y mujeres. Los hombres son mucho más celosos respecto a la infidelidad sexual –el ver que su pareja podría estar teniendo relaciones sexuales con otra persona–, pero no les importa tanto la infidelidad emocional –el pensar que su pareja ya no les quiere–. En las mujeres ocurre justo lo contrario, no soportan la infidelidad emocional, pero son más permisivas con la infidelidad sexual.
Los celos nos hacen darnos cuenta del valor real que tiene para nosotros la persona con la que estamos compartiendo nuestra vidaLa teoría predominante explica esta diferencia a través de nuestros orígenes evolutivos. Los hombres habrían aprendido a lo largo de la historia a ser más recelosos en cuanto a las relaciones sexuales de sus parejas, pues no tenían la certeza de saber si realmente eran padres de sus hijos. Por el contrario, las mujeres se preocupan mucho más de tener una pareja que se encargue del sustento de la familia, y no les preocupa tanto lo que pueda estar haciendo ésta en su tiempo libre.

Al margen de las teorías evolucionistas –que siempre tendrán defensores y detractores–, lo que parece claro es que sentir celos es, en la mayoría de los casos, algo natural, y no necesariamente negativo. Los celos nos hacen darnos cuenta del valor real que tiene para nosotros la persona con la que estamos compartiendo nuestra vida, y sirven, además, para alertarnos de las amenazas que pueden surgir en el transcurso de la relación. Si vemos los celos como una motivación, que nos lleve a tomar medidas para fortalecer nuestra relación, serán algo positivo. Si por el contrario, nos obsesionamos y nos volvemos cada vez más inseguros, pueden conducirnos a actuar de forma injusta, e injustificada, con nuestra pareja. Todo depende de cómo interpretemos nuestras emociones.
Celos: Para el autor, los celos, además de ser “una cólera que se manifiesta por la violencia o el silencio”, son también “un duelo a repetición, puesto que en cada acceso de celos el sujeto vuelve a perder su objeto”. Envuelven tanto “la furia de la desposesión” como “el placer logrado con el sufrimiento” y son “el correlato narcisista del riesgo de amar”.
Al principio es un afecto, una cólera que se manifiesta mediante la violencia verbal y física o el silencio malhumorado, vinculado con una situación frustrante, de angustia y de agitación. En tanto afecto, los celos inciden intensamente en el cuerpo. El que experimenta celos siente un nudo en el estómago, provocado por la lucha cuerpo a cuerpo con ese otro que se desdobla, frente a quien siente simultáneamente hostilidad y una dolorosa cercanía. A partir de ese verdadero síntoma somático, organiza sus pensamientos y movimientos en torno de los pensamientos y movimientos del objeto amado o, al menos, investido de un interés libidinal. Se muestra más que preocupado por sus idas y venidas, por sus movimientos, sus emociones, sus encuentros, en suma, por el empleo de su tiempo, ya que sospecha que ese ser amado es capaz de organizar su pensamiento y su acción en torno de una esfera ajena, en un medio de tentaciones donde se producirá el encuentro fatal con algún pérfido seductor (o con alguna fatal seductora), cuyas maquinaciones imagina.
Para el que experimenta celos, todo consiste en poner de manifiesto los “falsos pretextos”; en suma, debe develar la “comedia del amor” que se hace pasar por el amor verdadero: se trata de de-senmascarar su impostura. Existe, pues, en los celos, la idea de algo oculto que hay que investigar. Esto implica estar “en la cabeza” –y en la libido– del otro en supuesto estado de disimulo crónico y organizar una serie de hipótesis acerca de sus acciones. Los celos son una forma de especulación, de exploración sin fin del “mundo de los posibles” (Proust). El celoso quiere saber por todos los medios de los que dispone y que suscita (no carece de ingenio en este campo) qué se trama en torno del objeto amado y lo que esta persona-objeto puede urdir, aun a sabiendas de que esa acción puede dañar profundamente sus intereses. De ahí el giro persecutorio: el celoso está persuadido de que eso “recae” sobre él, pero participa activamente en la puesta en escena fantasmática de ese gozo enemigo y obsceno. Está obsedido por la traición, vía la infidelidad, y procura detectarla en su cortejo de mentiras, tapujos y medias palabras. En suma, el celoso se halla mentalmente sobreocupado con las acciones del otro, asediado por pensamientos de poder casi alucinatorio.
Las confesiones de la supuesta falta tienden a ser logradas ya sea delicadamente, por medio de lo que Proust denominó con elegancia “charlas de investigación” (Marcel Proust, Albertine Disparue), o por medio de enérgicos interrogatorios, durante accesos de ira celosa orientados a hacer de-sembuchar, lo que Paul Bourget llama “ataques agudos de celos” (Paul Bourget, Physiologie de l’amour moderne). En ese juicio constante –juicio que puede ser “de las intenciones”, pero que para el caso vale como de condena– se trata de hacer confesar el delito; el verdadero cargo sería que el deseo de la (del) otra(o) se encontraría en otra parte; tarea delicada pues es suponer que la sospechosa, o el sospechoso, sabe lo que él desea... En última instancia se trata, para el celoso, de esclarecerlo acerca de sus sentimientos ocultos, de hacerle reconocer de manera inquisitorial su verdadero deseo que lo orienta hacia el otro.
Se advertirá, pues, la combinación de la influencia posesiva y la fragilidad de la reivindicación: el celoso es un propietario tanto más autoritario y dictatorial en la medida en que experimenta el carácter precario y revocable de su posesión. También se ve el contraste entre la certeza íntima de una expoliación afectiva, de la que sería víctima, y la locura de la duda, de una incertidumbre erosiva. El apogeo de ese goce mórbido radica en el momento de la confirmación: “¡Bien que lo sabía!”. Busca el “flagrante delito” temiendo más que nada el descubrimiento de su infortunio, lo que abre las compuertas a un “flagrante delirio”.
Finalmente, se notará que los celos, lejos de reducirse al afecto, se orientan hacia el hecho mismo del perjurio. El celoso se enfrenta a ese sismo simbólico de encontrarse frente a otro cuya palabra deja de ser confiable y cuya promesa de fidelidad, proferida o tácita, ya no se sostiene. De ese modo, los celos ponen de manifiesto el engaño como acto de lenguaje. En la desconfianza que organiza la sospecha celosa, el significante deja escuchar la des-confianza, señala la entrada en crisis de los esponsales con el objeto amado.
Normales
La posición freudiana frente a los celos comienza con esta comprobación: se trata de un afecto normal, o sea, común. Hablar de “celos normales” no significa reducirlos a lo trivial o a alguna norma: es arrancarlos al portaequipaje psiquiátrico de los celos mórbidos y, al mismo tiempo, establecer sus rasgos, cuya exageración patológica confirmará la morfología. Al hacer esto, Freud rompe claramente con la reducción de los celos a una morbidez, punto de vista por lo demás vinculado con una problemática médico-legal. Supera así el corte entre vivencia popular y discurso docto para recolocar tranquilamente los celos en el centro de la vida psíquica, de la que resulta uno de los rasgos más salientes.
Recordar que son un afecto normal es significar que los celos no son reductibles a un capítulo de la psicopatología. Los celos son un sentimiento en el cual, una parte es consciente y la otra, inconsciente. El sujeto experimenta sus celos directamente, a más no poder (incluso los vive a fondo), pero desconoce el acontecimiento inconsciente que recubre ese afecto.
Incluso Freud va más a fondo: si ese afecto de celos parece ausente, se debe a que habrá sido reprimido. Por lo tanto, virtualmente, un ser desprovisto de celos no existe, pero siempre es lícito sacarlos a la luz. Una pregunta, de paso: ¿cómo se expresan los celos sin afecto consciente? Pues el celoso se siente como tal, experimenta a sabiendas las ansias de los celos, angustias, en un clima de gran pavor y horror. ¿A qué se parecen unos celos en estado reprimido, es decir, sin vivencia consciente de estar celoso? Puede ser, como se verá, un afecto ciego, de manera que un sujeto que no se siente necesariamente celoso puede actuar como tal accionando, sin saberlo, los engranajes de los celos. Tal vez los celos fríos sean los más virulentos y los que den la clave de los actos enajenados.
Los celos como relación con el objeto serían un correlato del duelo, con la idea de algo que le era debido al sujeto, que le ha sido prometido y luego quitado con engaño. Duelo y celos son reacciones normales en caso de pérdida, aunque el duelo viene luego de la pérdida, mientras que los celos la anticipan. Quien experimenta el luto se relaciona con un objeto perdido para siempre; el celoso se halla amenazado por un duelo entrevisto y que comienza incesantemente, un duelo que él suscita y crea. La tan flagrante rivalidad bien podría estar en segundo lugar en relación con el duelo, con un duelo a repetición, puesto que en cada acceso de celos el sujeto tiene la viva sensación de volver a perder su objeto.
El celoso reacciona ante la pérdida entrevista; produce un duelo tanto activo como imaginario; confunde su duelo (como otros su deseo) con la realidad. Hay que recordar el núcleo depresivo del estado de celos, eclipsado por la violencia de su querulancia. En el centro de los celos existe una denuncia: el sujeto deplora ser despreciado, abandonado, rebajado en beneficio de un tercero al que hay que identificar.
Los celos adquieren todo su alcance referidos al narcisismo o al amor a sí mismo. El yo se muestra herido por los celos, los vive como humillación, con lo que esto implica de rebajamiento e impotencia. Los celos son el correlato narcisista del riesgo de amar.
Los celos son, pues, una autodeploración. El celoso clama su perjuicio y no deja de generar argucias para sustentar ese sentimiento, para poner de alguna manera la realidad en consonancia con ese sentimiento de pérdida perjudicial preexistente a la defección del objeto. Contrariamente al héroe, que puede ser impunemente traicionado, el celoso brama su infortunio como si padeciera una llaga purulenta. Es un Narciso herido.
Pero, además, el celoso detesta al otro, al supuesto detentador mediante engañifas de su objeto, al que le infligió la herida. De hecho, la cólera se encuentra en el centro del afecto celoso. Es su dimensión de odio, de resentimiento. Incluso el propio objeto amado termina por ser detestado. Los celos contienen y revelan esta ambivalencia visceral hacia el objeto, tanto detestado como amado, odiado porque se lo ama. En efecto, existe odio en el centro de los celos. Este odio celoso marca la “legítima defensa” del yo frente a sus intereses lesionados.
Esta vertiente violenta contiene el germen de la agresión, incluso del llamado crimen pasional. Se advierte, pues, que lo que “impulsa al crimen” es la furia ante la desposesión.
Hay otro rasgo, sin duda el más oculto, pero que no debe desconocerse: el sujeto presa de los celos sospecha en su fuero interno, junto al hecho de ser injustamente traicionado, haber tenido algo que ver en su infortunio. Mientras inculpa hoscamente al otro, se siente en alguna parte de sí mismo como responsable. Dicho de otra manera, en los celos existe un fondo de autorreproche. Por lo menos es una autocrítica: “¡Confiésate que en el fondo te lo buscaste!”, o, por lo menos, “¡No hiciste todo lo que podías hacer para evitarlo!”.
Es una sensación tanto más dolorosa en la medida en que es desconocida por el (la) interesado(a). El sujeto celoso es reacio a confesarse su implicación; resulta sensible sobre todo a las supuestas culpas del otro, lo que reprime a un segundo plano su culpabilidad, tanto más torturadora en cuanto es tácita. Mejor aun: se puede sospechar que esta autoculpabilidad desconocida es la que atiza el reproche. La culpabilidad inconsciente (de sí mismo) se desarrolla a la sombra de la culpabilización consciente (del otro). Digamos que el celoso se tortura al torturar al otro infiel: ambos, él y el otro, se cuecen sobre las mismas ascuas. En ese sentido, los celos fortalecen el vínculo en una dimensión sadomasoquista. Se puede comprobar que en tales parejas los celos resultan el medio masoquista más eficaz para establecer la vinculación. Se puede sentir claramente la complacencia celosa, el placer logrado con el sufrimiento.
* Texto extractado de Lecciones psicoanalíticas sobre los celos, de reciente aparición (Ed. Nueva Visión).
Superar los problemas con los celos con una sana autoestima: Hay que comenzar por la raíz del problema; una baja autoestima. Generalmente los celosos odian una parte de si mismos o se odian en general, no se tienen aprecio bien por su condición social, como son, por su físico… Lo que hay que hacer es cultivar el autoestima, cuanto más autoestima sana tengas menos celoso serás. A parte de que debes madurar obviamente.
Tengo para ti un audiocurso de varias horas muy especial que te ayudará y va enfocado a superar el problema con los celos y es nuestro audiocurso: Como aumentar el autoestima. Te enseña a aumentar el autoestima paso a paso, a valorarte y a hacer ejercicios que aumentan muchísimo el autoestima. Son ya muchas las personas que incluso me han llamado para agradecerme cuanto les ha cambiado la vida ese audiocurso.
Y ya no es solo por el hecho de mejorar tu autoestima y superar tu problema con los celos, sino que tu vida en general mejora. Porque la diferencia entre alguien que llega lejos y alguien que no no es la habilidad que tenga en ello, sino lo que confíe en si mismo. Yo no me considero una persona inteligente, ni especialmente habilidosa en nada, pero confío en mi mismo una barbaridad y tengo una autoestima de oro, eso ha hecho que haya conseguido todo lo que me proponga, por delante de millones de personas que son más inteligentes que yo, tienen más habilidades que yo pero en cambio no se quieren nada.
Piensa que tu vida mejorará enormemente en todos los aspectos cuanto más autoestima le añadas y tu problema con los celos será cosa del pasado.